


No Llore Por El Petróleo
Exposición de fin de carrera de
Glasgow School of Art
Instalación de cerámica de gres, acero, lechada, película, luz y sonido.
1.52 m x 60 cm.
Mylar de 2.5 m x 2.5 m
“Los estadounidenses solo quieren petróleo venezolano”… ¿y quién no?
Venezuela: un país reducido a la explotación de recursos, medido únicamente por lo que se puede extraer.
No se puede llorar algo que nunca fue tuyo. La costa recuerda lo que los titulares jamás comprenderán. El mar recoge fragmentos arrojados a las olas: canciones de anhelo por días mejores y sueños de las vidas que quedaron atrás.
En tiempos de crisis, ninguna narrativa es sencilla.
Ambientada en las aguas de la costa venezolana, esta obra utiliza una concha marina cargada de gasolina como depósito de archivos. La embarcación recoge las historias de personas que se han visto obligadas a marcharse durante los últimos 27 años, representando el sedimento antropológico que se ha hundido en el fondo del mar. Mientras el caos reina en la superficie, el mar mantiene una calma serena, testigo de la agitación que se vive arriba.
El exterior de la obra representa las narrativas de explotación que se repiten una y otra vez cuando se habla de Venezuela en los medios: un país destrozado, enfrascado en conflictos internos y considerado importante solo cuando hay recursos de por medio. Todo ese peso pende de un hilo mientras la gente sigue viviendo y sobreviviendo a pesar de las interminables adversidades.
Sin embargo, para los venezolanos lo más importante no es el petróleo, ni el oro, ni el litio; lo que importa es el corazón del pueblo y los lazos que se han roto a causa de la crisis y la corrupción.
El amor que se siente a la distancia vale más que cualquier recurso material.





